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Arte moderno latinoamericano.

  • Foto del escritor: Hamilton Alvarez
    Hamilton Alvarez
  • 5 dic 2020
  • 6 min de lectura

Actualizado: 5 may 2022

Inicios y Caracterización


El arte moderno corresponde con las manifestaciones artísticas y culturales que se comprenden dentro de los periodos que la historia ha denominado como Historia de la Edad Moderna y Contemporánea. Si bien denominamos como modernismo el periodo que va desde 1880 y que termina en 1960, no podemos desconocer que el el arte moderno tiene sus inicios en movimientos históricos posteriores a este, abarcando; el Renacimiento y el Barroco, que a su vez arrastran respectivamente, al Manierismo y al Rococó para la Edad Moderna, y el siglo XIX y XX para el mundo contemporáneo con sus correspondientes estilos: Neoclasicismo, Romanticismo, Realismo, Simbolismo, Modernismo, además de las corrientes artísticas propias del fin de siglo y las Vanguardias históricas. Esta división está apoyada en una importante realidad histórica al considerarse la modernidad desde la ruptura con la Edad Media, al formarse la ideología del Humanismo formulado por René Descartes, configurándose así un cambio estructural dentro de la sociedad y sus necesidades culturales [1].


Abre la contemporaneidad los sucesos revolucionarios y la reacción del neoclasicismo, llegando el temario hasta los umbrales del siglo XXI. Lo mismo podemos decir del siglo XIX y XX donde los sucesivos movimientos artísticos fueron mucho más acordes con la mentalidad y la estética del hombre contemporáneo, y donde el valor social y económico del arte influye notablemente en el concepto de artista y de una sociedad en continuo cambio y evolución en paralelo de las circunstancias históricas como los movimientos de independencia, que son el primer paso para desligar el arte de los amaños religiosos y a los servicios de la colonia, acelerada así una cambio en la concepción estética del arte del momento.

una fuerte relevancia tiene la incorporación de Hispanoamérica en el mercado internacional (expansión de mercados europeos y norteamericanos) como proveedora de materias primas y consumidora de productos materiales y culturales elaborados en las diferentes Capitales y ciudades importantes, que a su vez también sufren un proceso de transformación material y cultural. Esto evidencia el impacto de la Revolución Industrial, todos los cambios en la estructura social, y por consecuencia en la cultura, que trajo consigo. Por eso el modernismo se entiende como una ruptura con los viejos valores y una forma distinta de ver el mundo, que si bien se ve muy marcado en los modos de representación, no desconoce todo un cambio en la percepción de la idiosincrasia, que genera el afianzamiento de la concepción de patria y de nación con unas particularidades, sociales y culturales, dignas de ser tocadas como tópico de representación en las obras de arte, en la cual se abre cabida no solo al mundo exterior por medio del impresionismo, sino también, al mundo interior de la mano de lo onírico propio del movimiento surrealista.


Con el surrealismo tenemos una situación muy particular, puesto que los pueblos precolombinos ya se valían del mundo onírico como inspiración para la representación artística, pero al momento de llegar el movimiento surrealista, se da todo un reencuentro con temáticas que si bien no habían desaparecido, en gran medida habían sido vedado, y con la modernidad se legitima como un movimiento sólido, de la sociedad, plasmada en el manifiesto surrealista elaborado en México, por André Breton, Diego Rivera y León Trotski. También tenemos el manifiesto antropófago que se postula en Brasil, como una ideología asociada al canibalismo, no como un acto de comer por hambre, sino como un acto de comer un hombre para adquirir sus atributos, esto se traspola a las artes como un modo de sintetizar elementos externos de manera que se pueda aprovechar lo que sirva y no de copiar estilos.

Desde principios del siglo XX, los artistas latinoamericanos viajan a Europa y toman contacto con los movimientos de vanguardia entre el XIX y XX. y en el siglo XX también con América del Norte, reflejando de este modo estilos y corrientes de todo el mundo. La estrecha relación con la tradición local precolombina constituye como valor agregado el vínculo especial con el arte latinoamericano En el panorama del arte de América del Sur, un lugar importante ocupan los inmigrantes de Europa que enriquecen y motivan el desarrollo de las academias de bellas artes.


Desarrollan propuestas relacionadas con el expresionismo, el cubismo y el futurismo, participando activamente de sus circuitos de exposiciones y debates, en ciudades como París, Madrid, Barcelona, Berlín, Florencia y Milán. Sus obras y manifiestos insisten sobre la autonomía del arte y se alejan de la pintura y la escultura como modos de representación de la realidad.

Muralismo


Durante 1920 y 1930 se afianza el arte/político como principal eje de acción, a nivel regional e internacional. Desde el muralismo que surge como un movimiento que se opone al arte de caballete, como una expresión elitista, puesto que los muralistas, buscaban un estilo de arte popular disponible para el público común en el cual se promulga una ideología izquierdista. artistas Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros (mexicano) y las pinturas de Antonio Berni (Argentina) y Cándido Portinari (Brasil), los pintores arremeten y postulan diferentes maneras de asumir una conexión entre las manifestaciones artísticas y sus contextos sociales que son incurrentes de su propio país . Entre el trabajo conjunto de los artistas, la militancia y el debate de los diferentes sucesos, aparecen variantes del Realismo social, el Nativismo, el Nuevo realismo y el Arte crítico, sobre todo en la pintura y en las artes gráficas.


La fotografía, el cine y los sucesos de la prensa contemporánea sobre la decadencia política, son las fuentes de apropiación para la creación plástica, en la que aparecen archivos históricos de obreros rurales y urbanos, también los manifestantes de cualquier marcha reclamando su estatuto social o en celebraciones de tradición popular. A estas representaciones cargadas de día día urbano se le suma la incorporación de materiales y diferentes formatos que aportan una dimensión social a las manifestaciones. El medio fotográfico se consolida y registra la velocidad, la rapidez en las metrópolis y de la vida moderna, el crecimiento urbano y la fotografía como una nueva manifestación artística se establece como parte fundamental del proceso y crecimiento de los movimientos artísticos.


La Muerte del arte y fin de lo moderno


Ya a finales de los años 50, en un ritmo vertiginoso, el mundo de las artes visuales ve ante sus ojos, la disminución y su finalidad de la modernidad dando así el inicio del arte contemporáneo. Los diferentes críticos y hasta los propios artistas divulgan sobre “la muerte de la pintura” o en otras palabras “fin del arte”. Con el paso del tiempo , las manifestaciones clásicas como lo son la pintura y la escultura dejan de ser prioridad en las “bellas artes”. El surgimiento de nuevos formatos, diferentes divulgaciones artísticas, la creación por medio de objetos, construcciones, performances, collages, ensamblados, happenings, instalaciones, videos, ambientaciones, intervenciones, desplazan en su totalidad la modernidad, dando así una nueva mirada que siendo consecuente a los eventos cruciales (como la I y la II guerra mundial, la bomba de Hiroshima) transgredieron la mirada y la percepción espacio-temporal que tenía previamente el hombre moderno. Las “obras de arte” dejan de ser desde un punto de vista más clásico, “obras de arte”: los artistas elaboran sus obras y divulgan sobre elementos cotidianos, industriales, desechos, textos y palabras; nace una necesidad de plasmar sobre el entorno urbano y diferentes espacios naturales, los registros fotográficos y fílmicos, enuncian situaciones sensoriales, ideas y conceptos en proceso se suceden y combinan con poéticas neofigurativas, pop, minimalistas, el Neosurrealismo y la Geometría sensible, etc. La discusión se radicaliza sobre temas como la desmaterialización de la obra de arte y las relaciones entre arte y política. La escena latinoamericana muestra su propia agenda de producción ligada, por momentos a las vanguardias del internacionalismo, pero siempre dando prioridad a su contexto histórico, ser honesto y contundente con ser un síntoma de su propio tiempo. Antonio Berni, Jorge de la Vega, Antonio Dias, Fernando Botero, Nelson Leirner, Rubens Gerchman, Mira Schendel, León Ferrari, Hélio Oiticica y Lygia Clark, fueron contundentes y asertivos en estas nuevas manifestaciones.




BIBLIOGRAFÍA:


Nájera Pérez Elena , Descartes y el renacimiento. Las claves humanistas de su antropología. Departamento de Humanidades Contemporáneas Universidad de Alicante


Traba Marta, artes plásticas latinoamericanas: la tradición de lo nacional


Analía A. Geymonat, EL MANIFIESTO ARTÍSTICO EN LATINOAMÉRICA. SU NARRATIVA TEXTUAL E HISTÓRICA, Área de Discursos Visuales, Universidad Nacional de La Plata


 
 
 

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